Artículo publicado en la revista Mamá & Bebé – Noviembre 2017 – Nr. 172

 

La Intervención Emocional Prenatal es un acompañamiento psicológico que se realiza con la mamá durante el embarazo, e incluye también al papá o aquellas personas que funcionan como sostén de la mujer que está en la dulce espera. Es un acompañamiento, único en su tipo, pues si bien trabaja con la madre, pone el énfasis en el aspecto emocional desde la percepción del nonato.

Desde la panza, el amor maternal activa áreas del cerebro que están involucradas en la emoción, la recompensa, la motivación y la cognición. Habilita al hijo a sentir la presencia de su madre, a través de un vínculo relajante y afectivo, que va generando apego entre ambos, desde antes del nacimiento, ya que aprenden a vincularse en un lenguaje que el pequeño entiende. La mamá también transmite al hijo el vínculo amoroso de la pareja, de tal manera que el hijo va conociendo y comunicándose desde su vida intrauterina.

El amor que la madre siente por el padre, es sentido por el hijo, como propio, pudiendo establecer un vínculo afectivo con la figura paterna desde su vida intrauterina

El objetivo general de la Intervención Emocional Prenatal es que la pareja tome conciencia que son mamá y papá desde el primer día del embarazo, que emocionalmente, el hijo en gestación, es altamente perceptivo y que toda emoción (positiva o negativa) de la madre impacta en el hijo, quien la siente como propia. Debido a la etapa de desarrollo en que se encuentra el nonato, las emociones maternas impactan en forma intensa, ya que este se encuentra sin defensas.

A medida que se desarrolla el sistema nervioso, las informaciones que le llegan al feto, son conducidas al cerebro que, a su nivel, las interpreta, las trata, las graba y las conecta unas con otras. Estas informaciones, llegan bajo forma de sensaciones, o de emociones, estimulan o inhiben la formación de sus órganos y la puesta a punto de las diferentes funciones. De alguna manera, como parte del proceso evolutivo se produjo el más importante y misterioso de todos los fenómenos naturales: la conciencia humana.

La Intervención Emocional Prenatal brinda herramientas para que la mamá pueda potenciar los impactos emocionales gratificantes y minimice los negativos, colaborando con un mejor desarrollo general del hijo. Esta Intervención emocional alude a un acompañamiento y no a un tratamiento o terapia pues, justamente lo que se busca es evitar despertar emociones dolorosas o ansiógenas en la madre, para que estas no lleguen al bebe´.

Distintos estudios han comprobado que los estados emocionales de la mamá tienen efectos significativos sobre el crecimiento, el desarrollo cerebral y actividad fetal así como en el estado neuroendócrino del nonato.

A través del cordón umbilical el niño recibe las hormonas y neurotransmisores del cuerpo de su madre, creando en él un estado psicológico correspondiente a la emoción materna, pero mucho más fuerte y más impositivo, porque el adulto ha desarrollado a lo largo de su existencia, unas estrategias de defensa, de las que el niño, en cambio, está completamente desprovisto.

Todas las situaciones de stress impactan en el nonato, más aún aquellas que se mantienen en el tiempo, como el stress crónico, que provoca en el feto la ruptura del equilibrio alostático, experimentando progresivos disturbios estructurales y funcionales a nivel cerebral, hormonal, inmunitario y corporal, que pueden dejar secuelas en las etapas infantil y adulta.

La ciencia ha demostrado ya, la directa asociación existente entre ciertos estados emocionales y la liberación de cortisol y catecolaminas, tales como adrenalina y noradrenalina. Estando la placenta diseñada para transferir deja pasar todo el cortisol materno circulante. Un incremento súbito o constante de esa hormona en la circulación materna, al ingresar a la circulación fetal, provoca severos disturbios en las estructuras cerebrales y en los sistemas hormonal e inmunitario que, en ese momento, se hallan en activa maduración.

Al final del embarazo, si la mujer ya estableció una comunicación emocional con su hijo, enfrenta el momento del parto con un bajo nivel de miedo y ansiedad. El hijo sabe, en todo momento, lo que está sucediendo, pues la mamá le ha ido comunicando, en el lenguaje que ambos comparten, lo que iba a pasar. Una mamá gestante, preparada emocionalmente, puede interactuar armónica y positivamente con el equipo médico. La Intervención Emocional Prenatal respeta y prioriza, en todo momento, las indicaciones del médico tratante. En caso que este decidiera realizar alguna intervención diferente a la esperada, la mamá aceptará cualquier vía de nacimiento como la mejor para el binomio materno-fetal y sabrá comunicarlo al bebé y sobrellevarlo sin que esto les provoque angustia o stress.

Para la mamá, el parto implica un corte. Hay un antes y un después.
Para el hijo, el nacimiento no significa un corte. Su madre sigue siendo él, más que él mismo.

La historia

Esta técnica fue diseñada desde el marco de la psicoterapia Anatheóresis, creada por Joaquín Grau (España 1928 – 2014) cuya teoría está fundamentada en postulados científicos y avalada desde las neurociencias. Durante los años de experiencia clínica, Grau y sus colaboradores fueron comprobando que la mayoría de los síntomas, tanto físicos como psíquicos, que llevaba a los adultos a la consulta, se habían originado en los impactos emocionales traumáticos recibidos en el período que va desde la gestación hasta los 2 o 3 años de edad.

Incursiona en el área de la prevención a través de la Intervención Emocional Prenatal tratando de promover la salud desde la etapa nonata, atenuando la recepción de impactos emocionales traumáticos desde la gestación hasta el momento en que el niño comienza el proceso de independencia afectiva de su madre (2-3 años)

A partir de la práctica clínica de Anatheóresis con adultos, el terapeuta logra, a través de un diálogo con el paciente, quien se encuentra relajado, pero totalmente lúcido, que éste retroceda en el tiempo, llegando a sus primeros momentos de percepción dentro del vientre materno y revivir, en un aquí y ahora, los hechos que lo impactaron, tanto en forma positiva como negativa. Toda esa información está guardada en su inconsciente profundo, pues nunca pudo ser entendida, ni expresadas las emociones que se generaron en ese momento y que son las causantes de los síntomas que lo llevan a consultar en el hoy.

Esto coincidiría con el planteamiento de algunos neurocientíficos que afirman que los cambios en el cerebro se producen décadas antes de que se haga evidente la enfermedad.

Todas las embarazada, sin excepción, en algún momento del proceso, sienten angustia, temores y, además, se ven enfrentadas a situaciones de stress cotidiano.

Este abordaje colabora en que puedan procesar esas ansiedades evitando el impacto de las mismas en el bebé. Se trabaja, por lo tanto, desde la prevención, en la búsqueda de una gestación sin stress y, como consecuencia, se influye en un mejor desarrollo del bebé.

Características de la Intervención Emocional Prenatal

– Respeta y prioriza las indicaciones del equipo médico tratante
– No interfiere ni sustituye otras preparaciones para el parto
– Previene la salud emocional del hijo
– Influye positivamente en el desarrollo general del bebé, tanto emocional, como físico e intelectual.
– Favorece la comunicación emocional entre la madre y el hijo en gestación
– Favorece y sostiene la salud emocional de la madre
– Favorece el establecimiento de un vínculo saludable entre madre e hijo
– Habilita a la madre a elaborar miedos e inseguridades sobre su embarazo y parto
– Ayuda a aceptar diferentes formas de nacer sin que se vuelvan traumáticas o culposas
– Brinda estrategias para que la madre pueda hacer frente al stress cotidiano o crónico durante el embarazo y post-parto

 

Cecilia Grecco
Silvia Simon
Patricia Ferrúa
Lic. en Psicología
Terapeutas Anatheoréticas
www.anatheóresismontevideo.com.uy